Prayer Partner Stories

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March 30, 2017

By Matthew Soerens

Dear praying friends,

At the Evangelical Immigration Table, our efforts have been focused on urging our elected officials to pursue immigration policies guided by biblical principles. Specifically, in 2012 we launched an Evangelical Statement of Principles for Immigration Reform, highlighting six principles that we hope will serve as a guide as our representatives in Washington consider immigration policy changes. Over the past several years, thousands of pastors and Christian leaders throughout the country have affirmed that statement. We encourage you to do the same, or to ask your pastor to consider signing on.

While we continue to urge legislators to fulfill their important responsibilities, though, we also believe that God is sovereign even over “the king’s heart” (Proverbs 21:1), so we invite you to join us in prayer that God would guide our elected officials, using the six principles of our Evangelical Statement of Principles for Immigration Reform as a guide.

The first of those six principles is that reform should respect “the God-given dignity of every person.” The Bible teaches that each human being — regardless of their country of origin, ethnicity, gender, religion, legal status or any other qualifier — is made in the image of the Creator God (Genesis 1:27). As such, they inherently possess both dignity and remarkable potential. We deny this basic biblical truth if we speak of immigrants (or anyone) as merely a burden.

This month, would you please join me in praying:

  • That the language we use to describe immigrants — both within the church and in our political discourse — would reflect the dignity of each person made in the image of God.
  • That God would help our society to recognize the inherent value and potential within each immigrant.
  • For elected officials, that they would pursue public policies that reflect the God-given dignity of each immigrant – and that we would be always mindful that they, too, are made in God’s image, even when we may disagree on questions of policy.
  • That immigrants, who in some cases have been scapegoated and demeaned in our national political discourse, would know their true worth in the eyes of the God who “fearfully and wonderfully made” each one (Psalm 139:14).

In Christ,

Matthew Soerens

U.S. Director of Church Mobilization, World Relief

Co-author, Seeking Refuge: On the Shores of the Global Refugee Crisis


Queridos amigos en Cristo,

Para la Mesa Evangélica de Inmigración, nuestros esfuerzos han enfocado en exhortar nuestros oficiales electos en perseguir las políticas migratorias que reflejan principios bíblicos. Específicamente, en 2012 introdujimos una Declaración de Principios Evangélicos para la Reforma Migratoria, que subraya seis principios que esperamos que servirán como una guía mientras los congresistas en Washington les consideran cambios a las políticas migratorias. Durante los últimos años, miles de pastores y líderes cristianos a través del país han afirmado esa declaración. Les animamos a hacer lo mismo, o a pedir a su pastor a considerarlo.

Mientras continuamos a exhortar a los legisladores a realizar sus responsabilidades importantes, sin embargo, también creemos que Dios es soberano todavía sobre “el corazón del rey” (Proverbios 21:1). Entonces, les invitamos a unirse en orar que Dios les guíe a los oficiales electos, usando los seis principios de la Declaración de Principios Evangélicos para la Reforma Migratoria como una guía.

El primero de esos seis principios es que la reforma migratoria debe respetar “la dignidad dada por Dios a toda persona.” La Biblia nos enseña que cada persona — a pesar de su país de origen, identidad étnica, género, religión, y cualquier otra descripción — es creada en la imagen de Dios (Génesis 1:27). Por lo tanto, inherentemente tienen la dignidad y el potencial extraordinario. Negamos esta básica verdad bíblica si hablemos de los inmigrantes (o cualquier persona) simplemente como una carga.

Este mes, por favor únete conmigo en orar:

  • Que el lenguaje que usamos para describir a los inmigrantes — dentro de la iglesia y también en el discurso político — refleje la dignidad de cada persona creada en la imagen de Dios.
  • Que Dios ayude a nuestra sociedad a reconocer el valor inherente y potencial dentro de cada inmigrante.
  • Para los funcionarios electos, que persigan políticas públicas que reflejen la dignidad dada por Dios a cada inmigrante -y que estaremos siempre conscientes de que ellos también son hechos a imagen de Dios, aun cuando estamos en desacuerdo en cuestiones de política.
  • Que los inmigrantes, quienes en algunos casos han sido los chivos expiatorios y han sido degradados en el discurso político, sepan su valor verdadero en los ojos de Dios quien le creyó “una creación admirable” a cada una (Salmos 139:14).

En Cristo,

Matthew Soerens

U.S. Director of Church Mobilization, World Relief

Co-author, Seeking Refuge: On the Shores of the Global Refugee Crisis


February 28, 2017

Dear Praying Friends,

It has been a tumultuous several weeks for immigrants in the U.S. and for those who care deeply about them, with immigration issues in the headlines on a near-daily basis. As policies shift — and as people within local churches take differing positions on many of the political questions regarding refugee and immigration policy — I’ve felt as though the Lord has been reminding me to ground myself in what does not change.

God’s word is at the heart of why the organizations and leaders who form the Evangelical Immigration Table believe we are called to love and advocate with immigrants. While Christians may disagree on specific policy prescriptions, if we affirm the Bible as the top authority for our lives, the Bible should inform our response to immigration issues as well.

However, in a LifeWay Research poll commissioned by the Evangelical Immigration Table, just 12 percent of evangelical Christians said their views on immigration issues are primarily influenced by the Bible.

I’m committed to seeing that statistic change. As we enter a season that some Christians observe as Lent, a 40-day period preparing us to celebrate Christ’s resurrection, it is a perfect time (whether Lent is a part of your tradition or not) to take the “I Was a Stranger” Challenge and commit yourself to the discipline of reading one passage per day among the many Bible verses that relate to immigration.

I’d challenge you to join in personally and perhaps even to think about how you could encourage others in your local church or even among those who represent you in Congress to join in the Challenge as well.

Since we first launched the “I Was a Stranger” Challenge back in 2012, we’ve had requests for more than 200,000 bookmarks with this Bible-reading guide. We’re excited to announce that, in addition to the option of printing a bookmark to stick in your Bible or ordering printed bookmarks for your church to use, we also have partnered with YouVersion to create a digital version of the “I Was a Stranger” Challenge, which you can use on the Bible app on your smartphone.

As we engage in the Challenge, let us also commit to prayer, asking God to give us and all within the Church His heart for immigrants.

In Christ,

Matthew Soerens

U.S. Director of Church Mobilization, World Relief

 

Queridos amigos en la oración,

Estas han sido unas semanas tumultuosas para los inmigrantes en los Estados Unidos y para aquellos que se preocupan profundamente por ellos, con la aparición de titulares de prensa relativos a la inmigración prácticamente todos los días. A medida que las políticas cambian –y la forma como las personas dentro de las iglesias locales toman diferentes posiciones sobre las cuestiones que tienen que ver con la política de refugiados y de la inmigración– he sentido como si el Señor me estuviera recordando sostenerme en aquello que no cambia.

La Palabra de Dios está en el corazón de la razón por la cual las organizaciones y líderes que conforman la Mesa Evangélica para la Inmigración, creemos que estamos llamados a amar y defender a los inmigrantes. Si afirmamos que la Biblia es la mayor autoridad de nuestras vidas, es Ella quien debería dar forma a nuestra respuesta en los asuntos de inmigración, aunque estemos o no de acuerdo con decisiones políticas específicas.

Sin embargo, en una encuesta de la LifeWay Research encargada por la Mesa Evangélica para la Inmigración, apenas el 12 por ciento de los cristianos evangélicos afirmó que sus visiones sobre los asuntos de inmigración están primeramente influidos por la Biblia.

Yo estoy comprometido en ver que esta estadística cambie. Ahora, cuando estamos entrando en una temporada en la que algunos cristianos guardan el tiempo de Cuaresma, tiempo en el que nos preparamos para celebrar la resurrección de Cristo, es el momento perfecto (así sea la Cuaresma una tradición que usted practica o no) de tomar el Desafío “Yo fui un extranjero” (“I Was a Stranger” Challenge) y de comprometerse con disciplina a leer un pasaje diario de los muchos versículos de la Biblia relativos a la inmigración.

Les reto a unirse personalmente a este Desafío y tal vez, incluso, a pensar la forma en la que podrían alentar a otros en su iglesia local o a aquellos que los representan en el Congreso, a participar también.

Desde que lanzamos el Desafío “Yo fui un extranjero” en 2012, hemos tenido solicitudes de más de 200,000 marcadores de libro con esta guía de lectura de la Biblia. Nos emociona anunciar que, además de la opción de imprimir un marcador para su Biblia o de ordenar marcadores para ser usados en su iglesia, nos hemos asociado con YouVersion para crear una versión digital del Desafío “Yo fui un Extranjero” que puede ser utilizada en la aplicación de la Biblia en su teléfono inteligente.

Al tiempo que nos involucramos en el Desafío, comprometámonos también en la oración, pidiéndole a Dios que nos de a nosotros y a aquellos dentro de Su Iglesia, Su corazón por los inmigrantes.

En Cristo,

Matthew Soerens

U.S. Director of Church Mobilization, World Relief


January 31, 2017

Dear Praying Friends,

If my life story could be expressed in one sentence, it would be, “Do no put a period where God places a comma.”

In December 2005, God brought my sister and me to America from Madagascar. We joined our parents, who came to America to do missionary work.

When we arrived here, our mother was on a working H-1 visa, with the rest of us on dependent visas. My mom worked as a teacher with a meager salary. Unfortunately, the school shut down while she was applying for her green card, which left her not only jobless but with a visa expiration looming.

More than once in the next few years, I expected God to place a period, but each time God instead placed a comma.

God’s gracious provisions took care of my high school and college years. I was able to attend college for only two years, then had to stop because I could not pay my tuition. Because of my status, I was unable to apply for financial aid or find a job. God used my years out of school (another comma) to draw me closer to Him and away from the idols I had inadvertently created in my life.

Soon thereafter, my sister and I were able to receive Deferred Action for Childhood Arrivals (DACA), which finally allowed us to work legally to support our family. God was gracious and continued to provide abundantly. He led us to a wonderful church and introduced us to new friends who kept giving and who told us we blessed them in our testimonies and our walk of faith.

Today, as the director of a children’s ministry, I am blessed with the opportunity to minister to refugee children. God uses my experience as an immigrant as a bridge to encourage, empower and witness to the families I work with, most of whom are immigrants.

If DACA is rescinded, I would have to leave this job. I know deep in my heart that God will never leave us in want, and DACA is a tool of blessings to families such as ours.

Since our arrival in this country, God had brought us far. I pray that DACA will continue to bless many immigrants: those whose stories are being used in ministries to reach out to other immigrants, those whose skills are helping boost the economy, and even those who depend fully on God’s divine provisions to survive.

I thank God for those who stand beside immigrants. According to James 1:27, religion that pleases God is caring for the widows and the orphans, and almost everywhere these two groups are mentioned, immigrants follow (Deuteronomy 14:28, 29; Psalm 146:9, Jeremiah 7:6). Religion that pleases God is the care of His marginalized ones.

“Do not put a period where God places a comma.” I hope my story is a balm of encouragement, comfort and hope. Thank you for reading and sharing it. And thank you for allowing it to bless your souls and the lives of others.

Please pray for continued opportunities for immigrants such as me to contribute to the economy and society of this great nation.

Prayerfully,

Fia Vonjimalala

 

Si mi vida pudiera ser expresada en una frase, seguramente sería: “Nunca pongas un punto donde Dios ha puesto una coma”.

En diciembre de 2005, Dios nos trajo a mi hermana y a mí a Estados Unidos desde Madagascar. Vinimos a acompañar a nuestros padres que llegaron antes que nosotros a trabajar en las misiones.

Cuando llegamos, nuestra madre tenía una visa de trabajo H-1 y nosotros quedamos cobijadas bajo su permiso de permanencia. Ella trabajaba como maestra con un salario escaso, pero mientras aplicaba a la residencia (Green Card) la escuela cerró y la dejó, no solo sin trabajo, sino con una visa pronta a expirar.

Más de una vez en los años que siguieron, esperé que Dios pusiera un punto, pero cada vez ponía en su lugar una coma.

La gracia de Dios cuidó de mis años de instituto y de universidad al que pude asistir durante dos años, y al que tuve que abandonar por no poder pagar la matrícula para continuar estudiando. Debido a mi estatus, me fue imposible aplicar a ayudas financieras o encontrar un trabajo. Dios utilizó mis años fuera de la escuela (otra coma) para acercarme más a Él y alejarme de los ídolos que inadvertidamente había creado en mi vida.

Poco después, mi hermana y yo recibimos los beneficios de la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), lo que nos permitió finalmente trabajar de forma legal y ayudar a nuestra familia. Dios fue misericordioso y continuó proveyéndonos abundantemente. Nos guió a una maravillosa iglesia y nos presentó nuevos amigos que compartieron con nosotros y nos enseñaron que nosotros también los habíamos bendecido a ellos con nuestro testimonio y nuestro camino de fe.

Hoy, como directora del ministerio de los niños, he sido bendecida con la oportunidad de velar por las necesidades de niños refugiados. Dios usa mi propia experiencia como inmigrante como un puente para animar, promover y dar fe de las familias con las que trabajo, inmigrantes en su mayoría.

Si DACA es derogada, tendré que dejar mi trabajo. En el fondo de mi corazón se que Dios no nos abandona, y DACA es una herramienta para bendecir a familias como la nuestra.

Desde que llegamos a este país, Dios nos ha traído hasta aquí. Oro porque DACA pueda continuar bendiciendo a muchos inmigrantes: a aquellos cuyas historias han sido utilizadas en ministerios para acercar a otros inmigrantes, a aquellos cuyas habilidades están ayudando a impulsar la economía, e incluso a aquellos que dependen totalmente de la provisión divina para sobrevivir.

Agradezco a Dios por quienes se mantienen al lado de los inmigrantes. De acuerdo con Santiago 1:27, la religión que agrada a Dios es aquella que cuida de las viudas y de los huérfanos; y casi siempre que estos grupos de personas son mencionados, le sigue la mención de los inmigrantes (Deuteronomio, 14:28, 29; Salmo 146:9, Jeremías 7:6). La religión que agrada a Dios es aquella que cuida de Sus marginados.

“Nunca pongas un punto donde Dios ha puesto una coma”. Confío en que mi historia sea un bálsamo de estímulo, consuelo y esperanza. Gracias por leerla y compartirla. Y gracias también por permitir que ella toque las almas y las vidas de otros.

Por favor oremos para que haya oportunidades para los inmigrantes así como las hubo para mí, y que les permitan aportar a la economía y a la sociedad de este gran país.

En oración,

Fia Vonjimalala


December 22, 2016

Dear Prayer Partners,

In 1994, my parents immigrated to the U.S. from their native land of Guanajuato, Mexico. Both of my parents were born into low-income families and were farmworkers in Mexico. Lack of family support, limited resources, poverty and economic barriers forced them against their wills to drop out of school before reaching middle school. My parents knew they had to leave Mexico in order for us to have a future.

By the grace of God my siblings and I have broken cycles that have continuously oppressed my family overall. We found ourselves caught in a broken immigration system that constantly oppressed us because of our lack of legal status. Living under fear was not an option for me while my community was being torn apart. I’ve seen my community fight for human dignity in the midst of darkness. This resiliency has restored my hope and faith when I find myself slowly losing energy in this fight for justice. I dream of one day living in a society where our immigrant families are able to live in peace.

The thought of having to go back to Mexico one day has come to mind. It is a country that I left when I was only 4 years-old, and I have not since returned. As a young kid I feared nothing, but now I fear for my future and that of my community.

The upward struggle that I have faced as an undocumented immigrant has not been easy. My challenges as a Dreamer have shaped who I am today and will do so for years to come. During difficult times like this, I must continue to trust God and move forward with my community.

Please join me in prayer that:

  • My family and our brothers and sisters wrestling with immigration issues would continue to find support from the faith community and their ultimate hope in Christ.
  • All immigrants and refugees, especially those who do not yet know Jesus, would experience God’s love through His people and come to know Him.
  • Our legislators would take courageous steps to move on sensible immigration reform that includes an earned pathway toward legalized status and eventual citizenship.

Thank you for your prayers,

Alfonso Vazquez Sanchez

Neighborhood Ministries

Phoenix, AZ

Queridos amigos en la oración de la Mesa Evangélica de la Inmigración:

Mis padres inmigraron a los Estados Unidos desde Guanajuato, México, su tierra nativa, en 1994. Los dos nacieron en familias de bajos ingresos y trabajaron como agricultores. Desprovistos de cualquier ayuda familia y,  limitados en sus recursos, la pobreza y las barreras económicas los forzaron en contra de su voluntad a abandonar la escuela antes de llegar a la secundaria. Mis padres sabían que tendrían que dejar México si querían darnos un futuro.
Por la gracia de Dios, mis hermanos y yo hemos roto el círculo que ha oprimido a mi familia durante años, pero nos encontramos atrapados en el quebrado sistema de inmigración que constantemente nos oprime porque carecemos de un estatus legal. Para mí vivir con miedo no fue una opción mientras mi comunidad estaba siendo destrozada. He visto a los míos luchar por su dignidad en medio de la oscuridad. Su capacidad de recuperación restauran mi esperanza y fe cuando me veo a mí mismo perdiendo energía en esta lucha por la justicia. Yo sueño con el día en el que nuestras familias migrantes puedan vivir en paz.
El pensamiento de tener que regresar a México viene a mi mente. Un país al que dejé cuando apenas tenía cuatro años y al que no he regresado desde ese momento. De niño nada temía, pero ahora temo por mi futuro y por el de mi comunidad.
La lucha que he enfrentado como inmigrante indocumentado no ha sido fácil. Mis retos como “dreamer” (soñador) ha dado forma a lo que soy hoy y lo harán en el futuro. Durante tiempos difíciles como estos, debo continuar creyendo en Dios y siguiendo adelante con mi comunidad.
Le pido que ore conmigo:

  • Para que mi familia y nuestros hermanos y hermanas que luchan con los temas migratorios puedan continuar encontrando apoyo en la comunidad de la fe y en su esperanza en Cristo.
  • Para que todos los inmigrantes y refugiados, especialmente aquellos que no conocen a Jesús, puedan experimentar el amor de Dios a través de su pueblo y lleguen a conocerlo.
  • Para que nuestros legisladores tomen pasos firmes hacia una sensible reforma inmigratoria que incluya un merecido trayecto hacia la legalización y la eventual ciudadanía.

Gracias por sus oraciones,

Alfonso Vazquez Sanchez

Neighborhood Ministries
Phoenix, AZ


November 29, 2016

Dear Praying Friends,

Being a member of the Evangelical Immigration Table gives me a heart for how some might feel after the recent election. The campaign season was characterized by some very strong rhetoric about immigrants and there is much that we do not know. We do not yet know all who will be nominated to serve in key roles within the new administration, people who will shape immigration and refugee policy. We do not know which campaign promises will become reality and which will be modified, forgotten or stymied by congressional or judicial checks and balances.

We do know several other things, however:

  • We know that, whatever the results of elections, our trust should not ultimately be “in princes, in human beings, who cannot save” but in our God, who “watches over the foreigner and sustains the fatherless and the widow” (Psalm 146:9).
  • We know that we are commanded to pray “for kings and all those in authority” (1 Timothy 2:2) — whether we voted for a particular elected official or not — and that includes our current president as he finishes his term, the president-elect, and our representatives in Congress, each of whom needs divine wisdom to govern justly.
  • We know that many immigrants are feeling uniquely vulnerable right now, particularly given the uncertainty around how immigration policies could change with the new administration. It’s important, right now in particular, for our immigrant brothers and sisters to know that the broader Church loves them, is grateful they are a part of who we are in this country, and will be standing with them, whatever happens.

We want to encourage you to be praying for immigrants within our nation this week and in coming weeks and months, and to commit to praying for the president-elect and his new administration, that they would pursue policies that would be consistent with the Evangelical Statement of Principles for Immigration Reform.

Warmly,

Shirley Hoogstra

 

Amados amigos en la Oración:

Ser miembro de la Mesa Evangélica para la Inmigración me permite comprender lo que algunos deben estar sintiendo después de la reciente elección. La campaña electoral estuvo caracterizada por una fuerte retórica sobre los inmigrantes y todavía nos falta saber muchas cosas. No sabemos por ejemplo, quiénes serán los nominados para ejercer las posiciones más importantes en la nueva administración, aquellos que serán los encargados de darle forma a las políticas de inmigración y refugio. No sabemos tampoco cuáles promesas de campaña serán realidad y cuáles serán modificadas, olvidadas u obstaculizadas por el juego de controles y contrapesos en el Congreso o el Poder Judicial.

Sin embargo, sí sabemos varias cosas:

  • Sabemos que cualquiera que haya sido el resultado de las elecciones, nuestra fe no debe estar en última instancia con “príncipes, seres humanos, que no pueden salvarnos”, sino con nuestro Señor que “protege a los extranjeros, sostiene al huérfano y a la viuda” (Salmos 146:9)
  • Sabemos que se nos ha ordenado orar “por los reyes y por todos los que están en autoridad” (1 Timoteo 2:2) –hayamos votado por un funcionario elegido o no— incluyendo a nuestro actual Presidente mientras termina su período, al presidente electo y a nuestros representantes en el Congreso, que necesitan inspiración divina para gobernar con justicia.
  • Sabemos que muchos inmigrantes están sintiéndose especialmente vulnerables en estos momentos, dada la incertidumbre respecto a cómo podrían cambiar las políticas migratorias con la nueva Administración. En estos momentos en particular, es importante para nuestros hermanos y hermanas, saber que una Iglesia más amplia los ama, que está agradecida de que ellos sean parte de lo que somos en este país y que estaremos de pie, a su lado, pase lo que pase.

Quisiéramos alentarlos a orar por los inmigrantes que se encuentran en nuestro país ahora y que vendrán en las siguientes semanas y meses, y comprometerlos además a orar por el presidente electo y su nueva administración para que ellos busquen políticas consistentes con la Declaración De Principios Evangélicos para la Reforma Migratoria.

Cordialmente,

Shirley Hoogstra


October 27, 2016

Dear Praying Friends,

Even in this heated political season, we continue to remember that immigration is first and foremost about people. Over the course of the next few months, these emails will feature stories of immigrants and refugees who have come to the U.S.

For me, it was my immigrant journey that led me to immigration advocacy work with the Evangelical Immigration Table, and I’m honored to share with you a little bit of my story.

I was born in China and came to the U.S. at age 10 as an H-4 dependent under my mom’s H-1B work visa. While learning English and adapting to a culture very different from my own presented challenges, I was nevertheless excited to start life in America. Little did I know, however, that things would change drastically before long.

Because our immigration attorney made several errors on my mom’s and my paperwork, I lost my legal status and became undocumented at age 12 even though we didn’t do anything to break U.S. immigration law. My mom contacted other attorneys and appealed to our legislators, but to no avail.

My high school years were difficult. On top of wrestling with my identity as an adolescent, I struggled with the fact that I was “illegal” and did not belong to the place that had become home. Without status, I couldn’t drive, work, or at the time enroll in a university, even having graduated from high school with honors. I questioned my future and my worth.

But God showed His light during this dark time though His people. My mom and I come from an atheist family background but started attending a local church when I was in sixth grade; we would later become Christians there. I came to learn through the ongoing discipleship of my faith community that Jesus Christ is my Lord and Savior, and He did not see me based on my status, or a lack thereof.

My church family prayed for me and cared for me in practical ways, such as giving me rides when I couldn’t drive. My former youth pastor, knowing my situation, became actively involved in learning and educating others about immigration, as well as advocating on my behalf before our state legislators. It was tremendously empowering to have my pastor speak up for me within the church setting and in the public sphere. I felt incredible love from God through His people.

God answered many prayers and miraculously opened a door for me after community college to complete my bachelor’s degree at Northwestern University on a scholarship — because of my status, I could not access any financial aid, even coming out of single-parent home. I still could not work after graduating from college, until the Deferred Action for Childhood Arrivals (DACA) program was implemented in 2012. While DACA provides only temporary status, it allowed me to work and drive legally, which I had long desired. My status, along with that of millions of immigrants in this country, many of whom are in much more dire situations, will not be resolved for good until there is comprehensive immigration reform.

God led me into immigration work and I’m honored to work on this issue that’s close to His heart. Please join me in prayer that:

  • Immigrants and refugees, especially those who do not yet know Jesus, would experience God’s   love through His people and come to know Him.
  • Our brothers and sisters wrestling with immigration issues would continue to find support from the faith community and their ultimate hope in Christ.
  • Our legislators would take courageous steps to move on sensible immigration reform that includes an earned pathway toward legalization and eventual citizenship.

Thank you for your prayers; they make a difference. I’m just one blessed recipient of the prayers and action of God’s people.

In Him,

Liz Dong

Midwest Regional Mobilizer

Evangelical Immigration Table

 

Queridos amigos en la Oración:

Incluso en esta candente temporada política, seguiremos recordando que la inmigración involucra primero y sobre todo, a seres humanos. En el curso de los próximos meses, estos correos electrónicos relatarán historias de inmigrantes y refugiados que han venido a los Estados Unidos.

Mi travesía como inmigrante fue la que me condujo al servicio por la defensa de la inmigración con la Mesa Evangélica de Inmigración, y me siento muy honrada de compartir con ustedes un poco de lo que ha sido mi historia.

Nací en China y vine a los Estados Unidos a los diez años con una visa H-4 dependiente de la visa de trabajo H-1B, otorgada a mi madre. Mientras que aprender inglés y adaptarme a una cultura totalmente diferente a la mía representaban enormes retos, sentía al mismo tiempo una inmensa emoción de empezar mi vida en América. Sin embargo, pronto supe que las circunstancias cambiarían drásticamente.

Debido a que nuestro abogado de inmigración cometió infinidad de errores con mis documentos y los de mi madre, para cuando cumplí 12 años, habíamos perdido nuestro status legal convirtiéndonos en indocumentadas a pesar de que no infringimos ninguna ley de inmigración. Mi madre contactó otros abogados y apeló la decisión, pero todo fue en vano.

Mis años de instituto fueron difíciles. En el furor de la lucha por mi identidad como adolescente, tuve que lidiar con el hecho de que yo era “ilegal” y de que no pertenecía al lugar al que yo llamaba hogar. Sin status legal no podía conducir, trabajar o incluso –al momento de ingresar a la universidad—, graduarme con honores de la escuela. En esos momentos cuestioné duramente mi valía y mi futuro.

Pero Dios apareció con su Luz en medio de esa oscuridad a través de Su pueblo. Mi madre y yo provenimos de una familia de tradición atea pero comenzamos a asistir a la iglesia local en la época en la que yo cursaba sexto grado. Más adelante nos convertimos en cristianas allí mismo. Aprendí a través del curso de doctrina de mi comunidad en la fe, que Jesús es mi Señor y Salvador, y que Él no me vio a partir de mi status o por la falta del mismo.

Mi familia eclesial oró por mí y me cuidó de manera práctica trasportándome de un lugar a otro cuando yo no podía conducir, por ejemplo. A su vez, mi anterior pastor juvenil, conociendo mi situación, se involucró de manera activa aprendiendo y enseñando a otros los temas de inmigración, así como actuando en mi defensa ante los legisladores estatales. Fue tremendamente motivador verlo hablando a mi favor en la iglesia y en la plaza pública. Me sentí increíblemente amada por Dios a través de Su pueblo.

Dios respondió mis oraciones y milagrosamente me abrió una puerta después del college para completar mis estudios universitarios en la Northwestern University en  donde obtuve una beca –debido a mi status, no podía acceder a ninguna ayuda financiera, incluso proviniendo de una familia de un solo padre—. Tampoco pude trabajar después de graduarme del college hasta que el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, DACA, fue implementado en 2012. En tanto que el DACA provee un status temporal, puedo trabajar y conducir automóvil legalmente, acciones que deseé durante mucho tiempo. Mi status, lo mismo que el de millones de personas en este país, muchas de las cuales están en situación mucho más desesperada que la mía, no será resuelto definitivamente hasta que exista una reforma inmigratoria integral.

Dios me condujo al trabajo con la inmigración y me siento honrada de hacerlo en este tema tan cercano a Su corazón. Por favor, oremos:

  • Porque inmigrantes y refugiados, especialmente aquellos que aún no conocen a Jesús, puedan conocer y experimentar el amor de Dios a través de Su pueblo.
  • Porque nuestros hermanos y hermanas que luchan por los temas de la inmigración puedan continuar encontrando apoyo de la comunidad en la fe y en la esperanza en Cristo.
  • Porque nuestros legisladores tomen medidas valientes para lograr una sensible reforma  migratoria que incluya un bien ganado camino hacia la legalización y hacia la eventual ciudadanía.

Gracias por sus oraciones. Ellas logran una diferencia. Yo soy solo un bendecido recipiente de las oraciones y de la acción del Pueblo de Dios.

En Cristo,

Liz Dong

Promotora Regional para el Centro de los Estados Unidos

Mesa Evangélica de Inmigración

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